Archivo de la categoría: Historia de Teziutlán

Primera parte. Al señor Canónigo Dr. don Federico Escobedo, miembro de la Real Academia Española de la Lengua y de la Mexicana dependiente de aquèlla; Tamiro Miceneo entre los Àrcades Romanos, distinguidìsimo humanista, gran literato, alto poeta, de origen guanajuatense y màs que todo ilustre y respetable amigo mìo, lo conocì en la redacciòn de la revista Cosmos, que se editaba en la Ciudad de Mèxico, en una vieja casona de las antiguas calles de la Misericordia. Años despuès el Padre Escobedo, como lo conocìamos, fue a dar una visitada por mi pueblo de Teziutlàn y allà se quedò. Hizo acomodo en la capellanìa del hermoso Santuario del Carmen y en èl se consagrò en vida y alma a servir a la venerada Virgen del Carmelo. Cuando me reintegrè a mi nativo solar, volvimos a encontrarnos el Padre y yo. Nuestra añeja amistad se fortaleciò con la vecindad inmediata. Solìamos…

Leer más

El conocido refrán “arrieros somos y en el camino andamos” es tan popular en España y en América Latina que ha sido llevado a la música y a algunos géneros literarios y en esta ocasión a la disciplina histórica para dar título a este escrito. El arriero, figura de la cual deseo compartir con el lector, algunos aspectos de su importante labor en el pasado. Con la llegada de los españoles a tierras americanas las mercancías se empezaron a trasladar a lomo de mulas a cargo de los arrieros; incluso, a finales del siglo XIX con la introducción del ferrocarril, la arriería conservó importancia, ya que los derroteros de los arrieros se conectaron con las estaciones ferroviarias para distribuir las mercancías hacia los lugares donde el “caballo de acero” no podía llegar; asimismo, para llevar hasta los trenes de carga los productos del campo y la minería, los cuales eran…

Leer más

A finales del Siglo XIX la educaciòn en el paìs era pràcticamente acaparada por la religiòn, y eran comùnes en aquella època los Colegios regidos por monjas y sacerdotes para impartir clases de Historia, Geografìa, Aritmètica…siempre con toques y tintes de caràcter religioso y buenos modales. El Liceo Teziuteco fue la primera instituciòn particular y laica en la regiòn a la que asistìan los hijos de familias adineradas y no tan acomodadas de Teziutlàn, como los Àvila Camacho, para recibir sus primeras letras, tal y como se relata en el libro »Vivir de pie. Los tiempos de don Maximino», en donde se lee:»Los altibajos que la familia Àvila Camacho enfrentaba en su economìa no fueron obstàculo para que Manuel y Maximino accedieran a la educaciòn primaria en el Liceo Teziuteco, que era la escuela de mayor prestigio en la zona, tanto por su educaciòn innovadora como por estar dirigida por…

Leer más

Año de 1914.No eran tiempos de paz para Teziutlán. La plaza de Teziutlán permanecía sitiada hacía varios meses y no daba trazas de caer en poder de las fuerzas revolucionarias que la asediaban.Su situación topográfica ayudaba para la defensa: barrancas en todos sus alrededores y solamente por el lado de la estación ferroviaria se resentía el punto débil. Por ese lugar se habían registrado fuertes ataques de los rebeldes y varios jefes federales resultaron heridos con numerosas bajas…pero la plaza se sostenía inexpugnable. ¡Viva Carranza! ¡Viva Carranza! ¡Mueran los pelones! Eran los gritos de los indios rebeldes que se escuchaban en las noches serenas al pie de las estribaciones del Cerro del Chignautla, por el rumbo de Ahuateno y por Xoloco. La ciudad, que al principio estaba defendida por fuerzas del Estado, integrantes del Batallón Zaragoza, al que no recuerdo por qué llamaban »los pambazos», al mando del Coronel Guevara,…

Leer más

En mis andanzas callejeras habìa conocido a aquel hombre, de quien sabìa le llamaban »El Màcara». Alto y delgado, medio trigueño; ojillos vivos como de tuza, escondidos debajo de cejas lampiñas y apretadas. Su rostro alargado estaba picado de viruela. Era tan hocicòn de la boca que se me figuraba como un caballo de esos con los que se juega ajedrez. El sombrero, caìdo de un lado, »gacho», como se dice, le daba el aspecto de un hombre maliciosamente distinto de los demàs, una especie de personaje de novela policìaca o de pelìcula misteriosa. Naturalmente que mi imaginaciòn lo situaba en el papel de hombre malo. Hasta nuestros conciliàbulos del colegio nos llegaban las noticias de que era hombre decidido, jugador y, como suelen señalar los vecinos caracterizados, sin oficio ni beneficio. Decìan que nunca faltaba en las cantinas y en la famosa »partida», que se abrìa en las fiestas…

Leer más

El año de 1918 fue fatídico. Marcó el fin de una década en la que las crisis política y económica, los desajustes sociales y diversas enfermedades golpearon duramente a México. Destacaron entre estas últimas la terrible epidemia de tifo (octubre de 1915–marzo de 1916) y la pandemia de influenza en 1918. En ese año, con el recuerdo del tifo todavía presente, Puebla sufrió en carne propia la llegada de la influenza, como la mayoría de las ciudades del país. Esta pandemia ocasionó en esa localidad cerca de 2 000 defunciones en poco más de 60 días, con lo cual entró en crisis la política sanitaria y se agudizaron los conflictos sociales existentes. Meses después, la fiebre llegaría a Teziutlán. Hoy a 2 años de la pandemia de coronavirus que vivimos todos, recordamos cómo fue la crisis sanitaria que sacudió al Estado de Puebla, en especial, a nuestra región de la…

Leer más

Hay en la ciudad de Teziutlán una escondida calleja que lleva, en placa azul con letras blancas, los nombres de »Francisco y Miguel Rodríguez». Al curioso transeúnte estos nombres le parecerán demasiado simples, por no decir insignificantes. De esta manera nos encontramos, a veces, nombres que a simple vista no nos recuerdan ni nos dicen nada y por ello es preciso desentrañar un poco la simpleza que, como en este caso, lleva dentro una innegable importancia. Nuestro protagonista, un reportero de cierto diario de gran prestigio nacional: -Una mañana rebosante de sol del mes de marzo de 1928, fui llamado telefónicamente del mineral denominado »La Aurora», que se encuentra en las inmediaciones de Teziutlán, en Aire Libre. Yo era corresponsal del diario Excélsior de la Ciudad de México, además de director y propietario del periódico local -El Regional-. Un amigo residente en la mina me comunicaba angustiado la noticia de…

Leer más

17/17